El diccionario aprende autismo
The Autism News | Español
La fuerza de la familia ha podido con la mayor autoridad lingüística del español. La Real Academia Española va a modificar la definición de «autismo», cambio que es el resultado de una lucha que ha involucrado a miles de familias y en la que su principal arma han sido las redes sociales. Hay que remontarse tres años atrás para llegar al origen de esta batalla. Un grupo de padres decidió que no se podía tolerar que el manual de la RAE –la mayor autoridad en lingüística para los cientos de millones de hispanohablantes– diese hasta tres definiciones erróneas del «autismo».
No son esquizofrénicos
El principal problema en las actuales determinaciones –que aún estarán vigentes hasta el 2014, cuando está previsto que se efectúe la modificación– es que caracterizan el trastorno «por la incapacidad congénita de establecer contacto verbal y afectivo con las personas», cuando la realidad es que estas personas sí pueden manifestar afecto o tristeza. El jefe del servicio de psiquiatría infantil del hospital madrileño Gregorio Marañón, el doctor Celso Arango, explicó que «si a una persona adulta con autismo se le muere un familiar, igual no llora ni muestra melancolía o tristeza, pero deja de dormir bien por las noches o se muestra irritado». En su acepción médica, se define como un «síntoma esquizofrénico», algo que es «falso», aseguró Daniel Comin, uno de los padres promotores del cambio.
La nueva definición, que recoge las demandas de las familias y los médicos, habla de un «trastorno del desarrollo que afecta a la comunicación y a la interacción social». «Las actuales definiciones corresponden al enfoque del psicoanálisis, que era el que se tenía hace 30 años de esta enfermedad», explicó Comin, que insistió en la importancia del lenguaje, que «puede afectar de forma muy importante a la dignidad de las personas».
En relación a lo que supondrá esta modificación para el colectivo, este padre explicó que ahora se podrán defender con más armas cuando el término «autista» se use de forma peyorativa, algo que hacen a veces los medios de comunicación, cuando usan la palabra como calificativo negativo –por ejemplo, «política autista»–. Asimismo, Comin insistió en que «las personas no son ‘‘autistas’’, igual que a una persona con cáncer no se la llama ‘‘cancerosa’’».
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