Jacob Barnett tiene fascinación por el Universo y está cursando Física cuántica. Sus profesores dicen que podría ganar un Nobel.
Jacob era un bebé sonriente, de esos que se tientan de la risa y se hacen entender, aunque sea balbuceando. Pero un día, cuando ni siquiera había cumplido un año y medio, Jacob dejó de sonreír, dejó de comunicarse y comenzó a encerrarse en una burbuja incomprensible. Se quedaba en los rincones apilando libros o pasaba horas observando sombras en la alfombra. El diagnóstico dijo el resto: lo suyo era un trastorno del espectro autista llamado Síndrome de Asperger y era posible que nunca lograra ni atarse los cordones.
Pero su madre lo observó, registró todo eso con lo que se fascinaba y en vez de focalizar en lo que no podía, focalizó en la chispa que lo encendía. Ese bebé, resulta, tenía un coeficiente intelectual más alto que el de Einstein y ahora, a los 14 años, está cursando un doctorado en Física Cuántica. Creen que si logra desentrañar la teoría que lo desvela, irá directo a un Premio Nobel.
Author: Gisele Sousa Dias | Clarín.com